21 de octubre de 2016

MEANDROS DEL LOZOYA


"Un bello río es el trabajo de la naturaleza de la vida hecha canción."
Mark Helprin - Novelista norteamericano

De siempre el río Lozoya ha sido mi favorito de todos los que atraviesan la Comunidad de Madrid. Para mí es el río de la vida, el que surte de agua a casi toda la ciudad de Madrid; parece mentira que un río tan pequeño sea capaz de calmar la sed de tanta gente y con un agua tan deliciosa.


Esta excursión, tan sencilla que puede hacerse entera o en parte con niños, empieza en la presa del Pontón de la Oliva y llega hasta la desconocida por muchos presa de la Parra; presilla de abastecimiento que se sitúa río abajo tras la Presa del Atazar.

Hace ya unos meses, casi un año, tuve la tentación de proponer a Carmen y Teru hacer esta bonita excursión, pero como dije entonces (Las Cárcavas del Pontón de la Oliva), la distancia me parecía un poco excesiva para mi hija de 10 años (ahora ya 11) y la cambié por la de las Cárcavas. Además, la primera intención era ir al castañar del Tiemblo, pero las condiciones del tiempo no lo aconsejaban (a ver si este otoño cae).

Dado que Carmen (mi hija), ha ido acostumbrándose más y más a largas caminatas, este año sí que la veía yo en condiciones de patear los más de 14 kilómetros que supone ir río arriba desde el Pontón de la Oliva hasta la Presa de la Parra y vuelta otra vez.

Así pues, dicho y hecho. Madrugar un poquito, botas, mochila, bastón y muchas ganas y...¡¡a caminar!!.


El Puente o Pontón de la Oliva que da nombre a la presa.
Presa del Pontón de la Oliva

Eran más o menos las 10:30 de la mañana cuando llegábamos al punto de inicio de la ruta. El pontón de la Oliva es la primera presa, ya en desuso, del Canal de Isabel II. Con esta presa se embalsaba el agua del río Lozoya para abastecer, a través del naciente canal a una población cercana a los 200.000 habitantes que poseía Madrid a mediados del siglo XIX. La situación de la presa fue su mayor inconveniente. Construida sobre roca caliza, la presa tuvo problemas de filtraciones desde el primer momento de su utilización, lo cual, unido a al aumento exponencial de la demografía de la capital, hizo que los ingenieros buscaran alternativas.

En 1860, tan sólo dos años después de la inauguración del Pontón de la Oliva, y debido a las filtraciones y mal funcionamiento de éste, se construyeron la Presa de Navarejos en tan sólo ¡5 meses! y su correspondiente canal en tan sólo año y medio. La presa de Navarejos vierte su agua a un canal subterráneo construido a pico y pala de 2,70m x 2,2m, de sección usando para ello 140 bocas de entrada llamadas "minas de ataque" que aún pueden verse. 

Pero aún así, la cosa no funcionaba. La presa de Navarejos está situada en un punto tal que la diferencia de altitud con respecto al Pontón de la Oliva es muy pequña, por lo que el canal se llenaba de tierra muy fácilmente debido básicamente a la escasa inclinación del terreno. Por esta razón, se construyó entre 1900 y 1904 la Presa de la Parra cuya situación paliaba en gran medida los problemas de Navarejos. 

Desde la presa de la Parra se construyó el canal de la Parra de 1 km de longitud y que enlaza con el canal de Navarejos a través de un túnel de 2 m de sección.

Para paliar la escasez de abastecimiento que suponían las obras de reforma del canal primitivo que transportaba las aguas del Pontón de la Oliva, Navarejos y la Parra, los ingenieros construyeron (en 1905), en el río Guadalix el canal del mismo nombre que transportaba las aguas embalsadas por el Azud del Mesto (Azud del Mesto en wikipedia). Lo malo de esta nueva construcción es que el Azud del Mesto no embalsaba agua, por lo que en verano la escasez de agua era acuciante. Años después (1967), se terminó la construcción aguas arriba de la Presa y Pantano de Pedrezuela (antiguo embalse y presa de El Vellón).

En esta ruta, todas esas construcciones son visibles (a excepción, obviamente de las construcciones del río Guadalix).

Como he dicho, la ruta parte del Pontón de la Oliva y de la caseta de La Tejera. Desde el alto de la presa se puede ver la cantidad de escaladores que se reúnen en las paredes del cañón a practicar su deporte favorito.


Llegada al Pontón desde la carretera de acceso

Escaladores en las paredes del cañón

Torre de captación de agua y el Lozoya al fondo

Válvulas de apertura de la torre de captación

Desde la parte alta de la presa no sólo se pueden ver los escaladores, sino que podemos observar las construcciones de servicio de la presa: aliviadero, torre de captación y el camino construido en plena pared que, con su más de 30 argollas que servían de sujeción a una cadena pasamanos (ya que al principio no había balaustrada) nos servirá de acceso hacia el sendero/camino que recorre la ribera del curso bajo del río Lozoya.






Desde el camino de acceso tomamos un pequeño senderito que nos lleva al río. No lleva mucho caudal, pero acercarse a él siempre es una delicia. Un rato observando sus aguas y haciendo fotos, y de nuevo subimos al camino principal para ir remontando el curso del río.


Curso bajo del Lozoya unos centenares de metros antes del Pontón

Carmen y yo

Esta primera parte de la ruta transita por una zona en la que el río forma unos bonitos meandros abriéndose paso en el cañón. Un cañón formado por paredes de roca caliza casi verticales en los que podemos ver buitreras y un sinfín de escaladores. Durante unos 3 km llevaremos el río allá abajo, por la ladera del monte observando el entorno, sin apenas arbolado y observando cómo los buitres inician su vuelo girando y girando en el cielo.






Tras unos centenares de metros, entramos en un precioso bosque de ribera, justo en el punto en el que nuestro sendero, otrora recorrido a diario por los trabajadores que participaron en las obras del canal, desemboca en la pista del canal propiamente dicha.

Fresnos, chopos, parras salvajes y rosales silvestres forman el manto vegetal de la zona. Con el otoño ya entrado, algunas de las hojas ya tienen el color amarillo y marrón característico.





En la pista del canal podemos empezar a ver las construcciones de las que hablaba con anterioridad. Las "minas de ataque" del canal de la Parra son perfectamente visibles aunque, obviamente se encuentran tapiadas. Aun así, acercándose a ellas se puede oír perfectamente el agua que circula por su interior.


Cartel informativo de la ruta de senderismo

Mina de ataque

Otra mina de ataque
La pista del canal es un camino muy bonito en ésta época. Las recientes lluvias han dejado charcos en el suelo y un manto de hojas secas del ya avanzado otoño que, en ocasiones, le da al bosque el aspecto de cuento infantil.





Unos centenares de metros después, el bosque se abre de la misma manera que se abre el valle del río. El paisaje cambia y lo que era bosque casi cerrado se convierte casi en dehesa (sin encinas ni robles). La pista se aleja por momentos del río y por momentos se acerca a él, y tras pasar un colmenar, nos encontramos las casetas de registro del canal de la Parra llegando a la presa de Navarejos.






Parece mentira que este azud se construyera tan sólo en 5 meses, entre enero y junio de 1860. La presa se compone de un muro sumergido que encauza las aguas hacia el canal y la casa de compuertas hoy en día sustituidas por modernas válvulas, ya que la presa sigue en servicio actualmente. Es increíble pensar que los materiales para construir la presa se transportaran en barcas remontando el río desde el Pontón de la Oliva hasta la Tejera con el poco caudal de éste, y desde allí, por el camino que se construyó en la ladera junto al canal en forma de túnel.

Poco más de 1 km después de la Presa de Navarejos, nos encontramos con la Presa de la Parra. Esta presa se construyó (como dije), entre los años 1900 y 1904 para solventar los problemas de la presa de Navarejos, cuyo azud se soterraba continuamente. 

La presa de la Parra es una presa muy parecida a la de Navarejos, pero su caída de agua es más grande y espectacular, aparte de que cuenta con un paso elevado hacia la otra orilla del río desde el que se puede observar el paso del agua por debajo.


Presa de La Parra

Como ya era la hora de comer, buscamos un lugar, unos metros antes de la presa de la Parra para poder devorar tranquilamente nuestros bocatas y descansar un ratito antes de volver de nuevo al camino.


Lugar elegido para comer, unos poco metros antes de la Presa

Vuelta a caminar

El camino de regreso lo hicimos por el mismo sitio de la ida, a excepción de una pequeña variante a la altura de la Presa de la Parra que nos introdujo unos pocos metros en el GR-88, y todo porque yo quería atravesar el "puente" hecho con bloques de granito, que atraviesa el río hacia la senda Genaro.


Cruzando al otro lado del río por la presa

Derrumbe al otro lado de la presa.

Bloques de granito que cruzan el río por la senda Genaro



La vuelta al Pontón desde este punto es por el mismo camino de la ida. No obstante, paramos a hacer unas cuantas fotos curiosas y a observar el curso del río desde otra perspectiva.





En definitiva, una excursión, que aunque larga por la distancia, no tiene apenas desnivel y es muy fácil para hacerla con personas sin ningún tipo de preparación o con niños ya mayorcitos. Con niños más pequeños la ruta se puede acortar y llegar hasta el bosque de fresnos, un lugar precioso para divertirse en la ribera del río con ellos.

La ruta la podéis descargar de wikiloc en éste enlace:





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